Lo más importante fue entender que traducir no es solo cambiar palabras, sino adaptar el sentido para que el usuario en Costa Rica se sienta cómodo usando la plataforma. Aprendí a usar las herramientas y a seguir las guías de estilo de la comunidad. Fue un proceso de «prueba y error» al principio, pero ver los strings aprobados me dio mucha claridad sobre los estándares de calidad que se manejan.
Si tuviera que empezar de nuevo, me habría involucrado más temprano con el canal de Slack de la comunidad local. Al principio traté de resolver dudas por mi cuenta, pero preguntarle a los editores de traducción (GTEs) acelera mucho el aprendizaje y evita que te rechacen sugerencias por detalles técnicos mínimos.
Al traducir strings para Costa Rica, estoy ayudando a que la brecha digital sea más pequeña en mi país. Lo que yo traduje hoy lo va a usar desde un emprendedor que monta su tienda en San José hasta un desarrollador en cualquier otra parte del mundo que configure un sitio para un cliente tico.
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